martes, 8 de septiembre de 2015

Un viaje inesperado




A veces, de pronto, sin moverte del sitio te encuentras en un viaje inesperado que lo cambia todo, tanto bueno como malo, y pone en nuestras vidas un punto y aparte.
Ayer tuve un día en que me sentí horriblemente mal con todo, mi trabajo, mi situación personal, familiar, económica, en fin... todo. Pero al terminar el día recibí una llamada de teléfono de un amiga y compañera de estudios. La situación de este país, una vez más, logra que alguien con talento tenga que cruzar las fronteras para buscarse la vida.
Es cierto, que la situación de mi amiga Rebe no es de las peores. Sin duda no tiene cargas, simplemente tiene que trabajar porque forma parte de ese grupo de gente responsable que para buscarse la vida debe cumplir su función en la sociedad, al igual que muchos otros, incluida la que escribe. Pero de un primer vistazo resulta triste que cualquiera DEBA irse porque no quedan oportunidades para él o ella aquí, en su pequeño lugar en el mundo.
Así que allá va, Rebeca a por el mundo. La oportunidad es buena, y al menos un idioma se trae consigo. Y uno cualquiera, el que todos ansiamos hablar y entender con soltura.
Lo curioso de todo, es que lo mal que me sentía ayer se fue en el mismo momento que me monté en el metro para volver a casa. Tenía claro que ese era el último cartucho de Rebeca, al menos por el momento, y que estaba dispuesta a rellenar el cargador con lo que fuera. Dejé de lamentarme, y decidí que encontraría los huecos para hacer lo que siempre pienso que no hago porque no tengo tiempo. La verdad que no tengo tiempo, pero he decidido, al igual que ella decidió dejarlo todo por una oportunidad, que si quiero mejorar o cambiar algo de mi vida, debo poner las baldosas una por una, y que al final obtendré el camino que tanto pienso pero no construyo.
Hoy estuve amasando algo de arcilla para comenzar la labor, convencida sin duda, pero puede que con un resquicio de duda. No se, siempre te preguntas si será capaz de hacerlo. Pero al llegar a casa, las dudas se disipan al recibir una de esas llamadas que lo cambian todo, porque anuncian que alguien a quién quieres se ha ido para siempre.
Mi madre lloraba al otro lado del teléfono por un hermano al que ya no volverá a abrazar. No voy a engañar a nadie, hacía tiempo que no tenía una relación estrecha con mi tío, aunque mi madre, mis tías y mi abuela si. ¡Ahí esta! Mi abuela, porque ¿Cómo le dices a alguien de 93 años que ha sobrevivido a los peores horrores que se ha muerto su hijo? Hoy la noche se avecina larga y oscura, de esas que no quieres vivir, ni recordar.
Echando la mirada atrás, en la época en la que más relación teníamos se me saltan las lagrimas por ese tío mío entrañable que siempre sonreía y que contaba verdad en esa sonrisa suya. Hoy se va y abandona el único mundo en el que creo, pero me deja la sonrisa de la última vez que le vi, no hace tanto, y las bromas de no querer compartir con nadie su comida de hospital. Ahí va, alguien que crió a sus hijos honradamente, con esfuerzo y verdad, con ternura, alegría y bondad.
24 horas que lo cambian todo, y te recuerdan que la vida es corta, que nadie la vivirá por ti y que si no aras la tierra no recogerás ninguna cosecha.

Rebeca, Ronciya, Ron espero verte pronto, espero que la oportunidad esté allá donde has ido, espero poder visitarte y siempre volver a abrazarte. Mientras tanto te sigo, lo sabes, porque las redes nos regalan algo inaudito, no perder el contacto con aquello a quien quieres. ¿Quieren reírse? Busquen a Ronciya en twitter, en VINE, les sacará una sonrisa, lo prometo.

Buen viaje tío Adriano, me alegra haber disfrutado en mi vida de tu compañía y de la bondad dibujada en tu sonrisa.

martes, 28 de julio de 2015

¿Qué hacer cuando... no sabes que hacer


¿Qué hacer cuando... ¡No tengo idea! Estos días ando un poco perdida, tan perdida que ni siquiera me siendo identificada conmigo misma. Es una sensación extraña, la mayor parte de mi vida se basa en dejarse llevar, la pura, real y criticada por alguno espontaneidad. Sin pensarlo, sin miedos, sin frenos ante la inevitable caída libre a la que te enfrentas. ¡Esa soy yo!
Hace un par de semanas, me vine arriba con una alocada decisión, estaba segura e ilusionada. Lo cierto es que ilusionada sigo, pero llevarla a cabo necesita inevitablemente involucrar en mi locura a personas de mi entorno. ¡Ahí es donde está mi duda! Porque mi locuras son mías, siempre lo han sido y mientras la ostia me la doy yo sola, pues la verdad es que estoy preparada para todos los golpes que vengan, pero cuando hay que compartir golpes la cosa tiene otro color.
¿Qué hacer? No puedo dejar de pensarlo, porque lo peor de todo es que estoy completamente segura de que la respuesta a mi locura será un SI rotundo y sincero, sin pensarlo, sin miedo y sin frenos. Y eso quizás me lleve a asumir una responsabilidad a la que no ando acostumbrada ¿o si? Porque ahora que lo pienso, puede que lleve algunos años asumiendo esas responsabilidades de adulto pero que paso de largo y de las que ni siquiera me doy cuenta. Pero la verdad que no es lo mismo cuidar de alguien porque uno quiera o creo que deba hacer que tener la obligación y la responsabilidad de hacerlo por meter a alguien en tus locas movidas.
Así que aquí estoy yo... ¿Qué hacer? ¿Qué hacer? ¿Qué hacer? No tengo ni idea de qué hacer. Supongo que como casi todo en mi vida, cuando menos me lo espere llegará a mi cabeza espontáneamente la respuesta a la dichosa pregunta, llevándose por delante todo este aluvión de dudas y trayendo la tranquilidad a mi mente sea cual sea el resultado.
Toda esta historia hace que me duela la cabeza continuamente desde hace dos días, ya que habitualmente no soy una persona indecisa, de hecho las cosas me gustan y las hago, compro, vivo, sueño, etc... y este océano inmenso de dudas me está volviendo loca.
Supongo que pronto tomaré mi decisión de seguir como siempre o involucraré a los míos en mi locura y espero que ese momento me ayude con mi ánimo o al menos se lleve este horrible dolor de cabeza.

lunes, 16 de marzo de 2015

Una optimista en un día triste

optimista triste


Desde hace dos días, tengo ese malestar en el estómago que llega sin que entiendas muy bien por qué. No tiene sentido y no sabes de dónde viene, pero llega y te acompaña cuanto quiere o hasta cuando eres capaz de olvidar lo que era tan importante.
Sin duda, mi educación hace que aparezca más de lo que me gustaría, pero qué puedo hacer, soy así.

Siempre he tenido claro por qué soy como soy. Sin duda alguna, se resume una persona: mi madre. La mayoría de la gente, puede hacer una descripción de cómo son las personas que tiene a su alrededor, o al menos, las más cercanas. Yo podría hacerla de mi madre, ella es un montón de cosas, ha sido fuerte, ha sido luchadora, es gritona y amorosa, pero la verdad es que sobre todas las cosas, mi madre es BUENA. Así sin más, buena.

De una manera natural e ilógica, las cosas se han hecho siempre en mi casa sin dobles intenciones, con cariño, pero bien hechas. Estas cosas te marcan, igual que las personas que te rodean. Podría describir de igual modo a mis tres hermanos, el mayor es justo, el mediano noble y el pequeño generoso. Detrás hay un montón de cualidades más, pero la verdad es que esa es la que mejor les define.

Yo se quién soy y de lo que soy capaz. Me educaron para eso, para conocerme y no dejarme vencer. Para no perderme en el camino, no derrumbarme ni sucumbir. Me educaron para amarme y creer en mi misma. Y me educaron para hacer las cosas bien.

Por estas cosas, los días como hoy, que terminan con esa sensación en el estómago se me hacen duros. Porque me derrumban. Nunca nada es para tanto, siempre hay razones para seguir, eso también me lo enseñó mi madre aunque ahora sea yo la que se lo recuerda cada día.

Un lunes cualquiera, eso parecía esta mañana, pero terminó poniéndome triste. No es habitual, por eso ando por aquí. Hacía mucho que no me ponía un día tan triste. Solamente será un momento, eso lo se, porque lo que no dije antes, es que todos ellos me describen a mi como optimista.

Mientras termino de escribir, esa sensación se apaga porque traigo a mi cabeza el hecho de que mañana todo irá bien, no el mañana cercano seguro, pero si un mañana que siempre siento que está por llegar, sin duda porque se, que los sueños se hacen realidad.