A veces, de pronto, sin moverte del sitio te encuentras en un viaje inesperado que lo cambia todo, tanto bueno como malo, y pone en nuestras vidas un punto y aparte.
Ayer tuve un día en que me sentí horriblemente mal con todo, mi trabajo, mi situación personal, familiar, económica, en fin... todo. Pero al terminar el día recibí una llamada de teléfono de un amiga y compañera de estudios. La situación de este país, una vez más, logra que alguien con talento tenga que cruzar las fronteras para buscarse la vida.
Es cierto, que la situación de mi amiga Rebe no es de las peores. Sin duda no tiene cargas, simplemente tiene que trabajar porque forma parte de ese grupo de gente responsable que para buscarse la vida debe cumplir su función en la sociedad, al igual que muchos otros, incluida la que escribe. Pero de un primer vistazo resulta triste que cualquiera DEBA irse porque no quedan oportunidades para él o ella aquí, en su pequeño lugar en el mundo.
Así que allá va, Rebeca a por el mundo. La oportunidad es buena, y al menos un idioma se trae consigo. Y uno cualquiera, el que todos ansiamos hablar y entender con soltura.
Lo curioso de todo, es que lo mal que me sentía ayer se fue en el mismo momento que me monté en el metro para volver a casa. Tenía claro que ese era el último cartucho de Rebeca, al menos por el momento, y que estaba dispuesta a rellenar el cargador con lo que fuera. Dejé de lamentarme, y decidí que encontraría los huecos para hacer lo que siempre pienso que no hago porque no tengo tiempo. La verdad que no tengo tiempo, pero he decidido, al igual que ella decidió dejarlo todo por una oportunidad, que si quiero mejorar o cambiar algo de mi vida, debo poner las baldosas una por una, y que al final obtendré el camino que tanto pienso pero no construyo.
Hoy estuve amasando algo de arcilla para comenzar la labor, convencida sin duda, pero puede que con un resquicio de duda. No se, siempre te preguntas si será capaz de hacerlo. Pero al llegar a casa, las dudas se disipan al recibir una de esas llamadas que lo cambian todo, porque anuncian que alguien a quién quieres se ha ido para siempre.
Mi madre lloraba al otro lado del teléfono por un hermano al que ya no volverá a abrazar. No voy a engañar a nadie, hacía tiempo que no tenía una relación estrecha con mi tío, aunque mi madre, mis tías y mi abuela si. ¡Ahí esta! Mi abuela, porque ¿Cómo le dices a alguien de 93 años que ha sobrevivido a los peores horrores que se ha muerto su hijo? Hoy la noche se avecina larga y oscura, de esas que no quieres vivir, ni recordar.
Echando la mirada atrás, en la época en la que más relación teníamos se me saltan las lagrimas por ese tío mío entrañable que siempre sonreía y que contaba verdad en esa sonrisa suya. Hoy se va y abandona el único mundo en el que creo, pero me deja la sonrisa de la última vez que le vi, no hace tanto, y las bromas de no querer compartir con nadie su comida de hospital. Ahí va, alguien que crió a sus hijos honradamente, con esfuerzo y verdad, con ternura, alegría y bondad.
24 horas que lo cambian todo, y te recuerdan que la vida es corta, que nadie la vivirá por ti y que si no aras la tierra no recogerás ninguna cosecha.
Rebeca, Ronciya, Ron espero verte pronto, espero que la oportunidad esté allá donde has ido, espero poder visitarte y siempre volver a abrazarte. Mientras tanto te sigo, lo sabes, porque las redes nos regalan algo inaudito, no perder el contacto con aquello a quien quieres. ¿Quieren reírse? Busquen a Ronciya en twitter, en VINE, les sacará una sonrisa, lo prometo.
Buen viaje tío Adriano, me alegra haber disfrutado en mi vida de tu compañía y de la bondad dibujada en tu sonrisa.


